Guía práctica · Coaching ejecutivo
Publicado el 12 de marzo de 2025 · Lectura de 6 minutos
Una primera sesión de coaching ejecutivo funciona mejor cuando llegas con algo más que una agenda abierta. Antes de conectar con tu coach, conviene revisar qué contexto vas a compartir, qué decisión te trae y qué esperas observar al final del proceso. Este artículo ordena esos puntos para que la conversación inicial rinda desde el minuto uno.
No hace falta llevar un informe ejecutivo ni un análisis DAFO personal. Basta con describir con claridad el contexto en el que te mueves: el equipo que diriges, el proyecto que tienes entre manos o la transición que estás valorando. Los coaches trabajan mejor con situaciones concretas que con etiquetas generales como «quiero mejorar mi liderazgo». Detalla qué ocurre, desde cuándo y qué has intentado hasta ahora.
Antes de la sesión, anota respuestas breves a estas tres cuestiones. No tienen que ser perfectas; son el material con el que el coach empezará a trabajar.
La primera consulta no resuelve todo. Sirve para establecer el encuadre: cómo vas a trabajar, qué tipo de feedback recibirás, cómo se medirán los avances y qué compromisos asumes entre sesiones. También es el momento de comprobar si el estilo del coach encaja con tu forma de procesar la información. Si algo no te queda claro sobre la metodología o la frecuencia de las sesiones, pregúntalo sin reparo.
No es obligatorio, pero ayuda tener a mano:
Reserva diez minutos al terminar para anotar lo que te llevas: una idea que te haya removido, una acción concreta que quieras probar, una pregunta que haya quedado abierta. Ese registro será la base de la siguiente sesión y te ayudará a notar si el proceso avanza o si hay que ajustar el enfoque.
¿Prefieres comparar formatos antes de reservar tu primera sesión?